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La idea del qi y el deqi es fascinante. Su naturaleza puede ser entendida como materia y energía a la vez. Arroz y vapor en su ideograma chino original. Algo que nos defiende, que circula dentro de nosotras y está íntimamente relacionado con la sangre y con el aire también. Además cada una de nosotras llega al mundo con un qi esencial inherente. El qi es uno pero en la medicina tradicional china se distinguen diferentes formas de ello según su función y origen. Nutre, protege, calienta, moviliza, transforma y mantiene. Fluye en los meridanos y se va a la superficie del cuerpo pero está en todo. La forma oriental de ver las cosas es fascinante, sobre todo por esa filosofía que no entiende de dualidades. Aunque haya yin y yang al final ambos contienen el otro y se convierten uno en el otro en ese cambio continuo. Lo que interesa es que ese cambio, ese flujo natural del qi sea lo más armonioso. Es ahí donde entra en juego el arte del Shiatsu (igual que el del Chi kung). El objetivo de la sesión es armonizar el flujo del qi en el cuerpo, desbloqueando las zonas bloqueadas y tonificando las zonas vacías para intentar simplificar al máximo de lo que se trata una sesión.

La forma de hacerlo es utilizando las movilizaciones, estiramientos y presiones a lo largo de los meridianos, y en los puntos de acupuntura (tsubos) que los construyen.

El «deqi» es la sensación que se siente la persona que recibe la sesión en el momento de tratar los tsubos. El «deqi» es la reacción del cuerpo al influir en el qi en cualquier punto concreto y es tan variable y distinto como cada persona y cada punto en un momento dado. Es decir podemos tener sensaciones distintas en el mismo punto en sesiones diferentes y cada persona tendrá una sensación distinta a la otra. Aunque de forma general se suele describir la sensación como dolor que alivia, entumecimiento, descarga eléctrica, cosquilleo que llega internamente hasta los pies o la cabeza… en realidad es difícil poner palabras a esa sensación. Lo más importante es saber que es una señal que nos guía y informa de que algo está pasando en ese punto en ese momento y que eso está muy bien.

Los efectos son sorprendentes como cuando el viento dispersa las nubes y aparece el cielo despejado.